Notas al programa (resumen)

del concierto realizado en Trujillo el día 1 de diciembre de 2000
I

La presente muestra de la música en la época de Carlos V comienza con una obra del compositor franco-flamenco Josquin des Pres, quien se erigió en el modelo en el que se basaron la mayor parte de los compositores renacentistas para desarrollar el estilo polifónico imitativo que dominó en la época del Emperador. De la abundante obra de Josquin se interpreta la chanson Mille Regretz, muy admirada en la época y que llegó a ser conocida como la Canción del Emperador, ya que al parecer era preferida del monarca. A continuación (y sin interrupción) se interpretará el Kyrie de la Misa Mille Regretz a 6 voces, de Cristóbal de Morales, el compositor español más internacionalmente conocido de la época. Dicha misa ilustra el procedimiento de la parodia, esto es, reutilización de material procedente de una pieza polifónica preexistente, en este caso la citada chanson de Josquin. Dada la estrecha conexión entre las dos obras, se interpretarán sin interrupción. Una excelente muestra del estilo denso y expresivo de Morales es también el motete Emendemus in melius a 5 voces. Su texto, perteneciente a la liturgia del Miércoles de Ceniza, es una llamada al arrepentimiento antes del día de la muerte y una súplica a la misericordia divina, mientras una de las voces, con texto independiente, repite obstinadamente las palabras “recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo has de volver”.

 Otro de los más destacados autores de la primera mitad del XVI es el extremeño Juan Vázquez, quien fue además uno de los pocos que consiguió publicar música vocal en imprentas españolas. Natural de Badajoz, fue maestro de capilla de esta ciudad, trabajando además en Palencia, Ávila y Sevilla. Pese a su calidad de sacerdote, destacó sobre todo en la música profana. Compuso villancicos, con estructura en estribillo y copla a la que incorporó el estilo contrapuntístico, y canciones de forma libre que pueden justamente catalogarse como madrigales en castellano. Sus textos son muy variados, yendo desde lo más lírico a lo más desenfadado, aunque el tema amoroso es el más frecuente. De su Recopilación de Sonetos y Villancicos a 4 y 5 (publicada en Sevilla en 1560) se interpretan cuatro piezas. Si no’s uviera mirado y Zagaleja de lo verde, son, respectivamente, una canción y un villancico que lamentan las consabidas penas de amor. Si me llaman a mí llaman es un villancico más breve y desenfadado. Y finalizando este bloque,  De los álamos vengo madre utiliza una tonada popular rodeada de un delicado contrapunto que imita el suave movimiento de las copas de los árboles mecidas por el viento.

Uno de los músicos que acompañaron al Emperador en gran parte de sus viajes por España y el extranjero fue el flamenco Nicolás Gombert, maestro de la Capilla Imperial. Su estilo contrapuntístico denso y complejo influyó poderosamente sobre los compositores hispanos, pero la influencia fue recíproca, ya que Gombert supo también utilizar la principal forma de la tradición autóctona, el villancico. Muestra de ello es la pieza Desidle al Caballero a 5 voces, único villancico de autor extranjero incluido en el Cancionero de Uppsala. De entre los músicos flamencos ligados a la figura de Carlos V destacamos también a Clemens non Papa, quien coincidió con el Emperador en varias ocasiones y colaboró con la composición de varias obras para actos públicos relacionados con el monarca. La chanson La, la, maistre Pierre de Clemens no es sino una despreocupada canción de taberna que, sin embargo, en manos de un autor neerlandés se convierte en una pieza densa y compleja.

 Sin duda, uno de los principales problemas a los que se tuvo que enfrentar Carlos V y su ideal de Imperio Cristiano fue la Reforma Protestante. En 1534, y bajo el reinado de Enrique VIII, se produce la separación oficial de la Iglesia anglicana inglesa de la de Roma. Sin embargo, el cisma no afecta al estilo musical, y junto a rasgos específicamente ingleses aparece la influencia del estilo internacional francoflamenco. Uno de los autores ingleses más apreciados es William Byrd, quien a pesar de ser católico romano declarado, estuvo al servicio de la Capilla Real de Inglaterra. Sus obras en latín son tan modélicas del estilo exigido por la Contrarreforma como puedan serlo las de Palestrina o Tomás Luis de Victoria. Muestra de ello es el jubiloso Laudibus in sanctis a 6 voces, con el que concluye la primera parte de este concierto.
 
 

II

 La segunda parte del concierto continua mostrando lo que ocurría en tierras inglesas en la época del Emperador Carlos V. Con la escisión anglicana, aparecieron nuevas formas para la música religiosa con texto en inglés, como el anthem, que cumplía una función similar a la del motete. Pero el cambio no ocurrió sino de manera muy gradual, y se siguió componiendo mucho repertorio en latín que fácilmente podría encuadrarse en la liturgia católica. Autor fundamental del período en Inglaterra es Thomas Tallis, quien fue además maestro del anteriormente citado William Byrd. En todas sus obras, Tallis muestra un estilo muy personal en el que la disonancia tiene especial presencia. De la obra de Tallis se interpretan dos piezas bien distintas. Salvator mundi  es un dramático motete en latín, y por el contrario Hear the voice and prayer es un modélico ejemplo de full anthem o antífona plena, con escritura coral contrapuntística salpicada de expresivas homofonías.

 En Francia, país con cuyo rey Francisco I mantuvo el Emperador continuos litigios, desarrolló en el siglo XVI un estilo caracterizado por el ritmo vivo y el carácter desenfadado, conocido como chanson parisina. La cumbre del género se alcanza con las obras programáticas de Clement Janequin, quien desarrolla hasta el límite los recursos contrapuntísticos y las descripciones realistas, muchas veces casi onomatopéyicas, plasmadas en música. Pieza singular en el repertorio de Janequin es Le chant des oyseaulx, El canto de los pájaros, en la cual las voces van imitando los trinos de diversas aves.

 A continuación se ofrece una nueva muestra de la obra del pacense Juan Vázquez, con tres obras pertenecientes a la citada Recopilación de Sonetos y Villancicos a 4 y 5 voces. En este caso se interpretarán Gentil señora mía, Con qué la lavaré y Soledad tengo de ti. Ésta última pieza está compuesta sobre un texto del poeta bilingüe portugués Gil Vicente, y expresa la nostalgia por la tierra natal.

 La presente muestra de la música en la época del emperador finaliza con una muestra de la obra de Francisco Guerrero. Natural de Sevilla, Guerrero fue un incansable viajero, y de entre sus viajes merece merece citarse la visita que hizo a Carlos V en su retiro de Yuste poco antes del fallecimiento del Emperador. En esa ocasión, Guerrero entregó como obsequio al monarca un libro de motetes y varias misas manuscritas, una de las cuales fue interpretada de inmediato por orden del propio Emperador. Guerrero fue alumno de Morales, y aunque estilísticamente suele incluírsele en la época de Felipe II, su estilo debe mucho al de su maestro, especialmente en la música religiosa. El estilo denso y expresivo puede detectarse en el motete Ave Virgo Sanctissima, a 5 voces, en cuya parte central se parafrasea el célebre comienzo del Salve Regina gregoriano. Supo ser mucho más original y autodidacta en la música profana, como en la canción Huyd, huyd, una profunda y dramática reflexión sobre los peligros del amor ciego “que en un punto convierte el gozo en llanto” y que en última instancia “da por paga suspiros, dolor, llanto, angustias, muerte”. El recital acaba con el motete en dos partes Maria Magdalena a 6 voces, cuyo texto del Domingo de Resurreción se desarrolla en un estilo ya más acorde con el estilo contrarreformista, en una polifonía más transparente y con frecuentes homofonías entre las voces.

Vicente Antúnez
Quodlibet